A las Once de las Diez

Publicado en por irun fergaus (lmpika66@gmail.com)

Los poros pequeños que se marcan, transpiran gotas de sudor que se escurren por los surcos de las microscópicas imperfecciones de tu piel. El vello de la nuca que gira y gira loco  e independiente, se desliza  inquieto como buscando el hueso de tu espalda, tu espina dorsal es mi eje central que hace suspender mis pasos en la tierra, me guía recta y sumisa por un camino que no tiene ningún atajo.

Tengo las manos tensas y ansiosas, como una gran dosis de droga que  se va inyectando cada mañana al despertar.

Los ojos mueren pesados y cierran sus parpados ante una luz que es demasiado intensa, intento abrirlos pero mi cuerpo y mente están aun dormidos entre unas sabanas cálidas y cómodas. Oigo susurros de una conversación lejana para mis oídos, intento prestar atención a las palabras, a su sentido, pero es demasiado pronto para mí. Llego a un estado de penumbra donde, al fin, puedo ver con mayor claridad, despierto consciente  y mi mente se despeja, puedo hablar y unir frases con sentido, puedo andar y mirar a mi alrededor, puedo relacionarme y estar atenta a mis pasos, a los pasos de los que me acompañan, pero mi conciencia mas intima sigue estando dormida contigo como unas grandes amantes que  se cosen durante la noche.

 

Etiquetado en LOS BLANCOS ROJOS

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:

Comentar este post